Familia

Todos lo llamaban "el mico", como si no tuviera más nombre que su alias. 
Todos lo llamaban "el mico", inclusive su madre... como si no fuera hijo de nadie. 
Todos lo llamaban "el mico", pero yo nunca lo dejé de llamar "mi tío". Ni siquiera "tío" solamente, MÍ TÍO, porque aunque no me guste es mío,  y eso fue lo que nunca comprendió el resto de la familia o los que se hacían llamar amigos. No podés deshacerte de una personas de un día para otro como si fuera nadie. No podés cerrar los ojos y cambiar tus padres, no podés pretender que no tenés hermanos porque te dio la gana de no tenerlos.

El ladrón, el matón, el drogadicto, el mentiroso, el toma trago, el agresivo... el abandonado, el que con mil hijos regados no tiene ni una visita en Navidad en la cárcel. El que aguantó hambre, al que sus hermanos negaron, al que su madre maldijo y su padre nunca quiso.

Al que condenaron siendo culpable, ese es mi tío. Si queda libre, es mi tío. Si se muere en la cárcel, es mi tío. Si le tiendo la mano y recae, es mi tío. Si algún día se levanta, es mi tío. Si nunca cambia, es mi tío. Y si algún día las consecuencias de sus actos me afectan, sigue siendo mi tío.

Espero que el resto de mi familia no confunda la alcahuetería con el amor. Porque alcahueta soy el día que le celebre sus fechorías, pero mientras ese hombre siga vivo no voy a permitirme dejar de llamarlo mío, porque aunque él sea el que está pagando la condena, matones son todos los que le abandonaron, y los mismos que le llaman monstruo fueron los que en sus manos pudieron gestar un cambio.

Yo seguiré preguntando por mi tío, llamando a mi tío, escribiéndole a mi tío y orando por mi tío... aunque no exista orgullo alguno en llamarlo mío.

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