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Mostrando las entradas de agosto, 2015

No quiero ni querré.

Hubo un verso para la taza de café, hubo uno más para ella, pero no hallé algo para la canción de fondo. Hubo un verso para el sentimiento desvelador, hubo un par más para ella, no hubo uno para el grillo que acompañó tus largas noches mientras soñabas despierto. Hubo un verso por cada lágrima, unas cuantas docenas de rimas más para ella, no hubo una para el pañuelo que evitó un diluvio sobre el papel. Hubo un verso para los pasos improvisados del baile, hubo un poema para ella, ni una sola palabra para la noche que iluminó perfectamente cada rincón de su rostro. No hay rimas para la ambientación, no hay versos para el paisaje, no se le escribe un poema al fondo. Podría, cuando así lo quisiera, obligarte a dedicarle un par de versos  a las clavijas oxidadas de la guitarra en aquel rincón, a la flauta dulce del preescolar, a la vieja almohada que no te atreves a cambiar, a la medallita de tu primera comunión, al tan anhelado regalo de navidad, a la pequeña libreta que siempre te acompañ…